Ouroboros de la inteligencia artificial y el conocimiento humano

El ouroboros de la inteligencia artificial: ¿la IA terminará alimentándose de sí misma?

Antes de comenzar, una aclaración importante: no soy especialista en inteligencia artificial.

Soy un usuario de estas herramientas y un profesional de Recursos Humanos que, como muchas otras personas, está tratando de entender qué está ocurriendo con ellas.

Lo que sigue no pretende ser un análisis técnico, científico ni una predicción sobre el futuro de la inteligencia artificial.

Es simplemente una observación.

Una pregunta que surgió mientras utilizaba estas herramientas y que me pareció suficientemente interesante como para ponerla sobre la mesa.

No sé si la hipótesis es correcta.

Precisamente por eso decidí escribirla y publicarla.

La idea es observar qué ocurre cuando una pregunta pasa de nuestra conversación a la realidad.


Existe un antiguo símbolo conocido como ouroboros: una serpiente que se muerde la cola y forma un círculo sobre sí misma.

Durante siglos se ha utilizado para representar el ciclo, la renovación, la transformación y aquello que comienza y termina en el mismo punto.

Hoy ese símbolo puede servirnos para plantear una pregunta inquietante sobre la inteligencia artificial:

¿Qué ocurrirá si la inteligencia artificial comienza a alimentarse cada vez más de la información que ella misma produce?

El gran experimento

La inteligencia artificial se ha desarrollado a partir de una cantidad extraordinaria de información producida por los seres humanos.

Libros, artículos, fotografías, investigaciones, código, conversaciones, documentos, páginas web y millones de otras piezas de información forman parte del ecosistema del conocimiento digital.

Pero ahora ocurre algo nuevo.

La IA también está produciendo cantidades enormes de información.

Textos, imágenes, videos, código, investigaciones, resúmenes, análisis y respuestas aparecen diariamente en internet.

Y una parte de ese contenido puede terminar formando parte de los datos que utilizarán futuros sistemas de inteligencia artificial.

Ahí aparece el ouroboros:

Humanos → Internet → IA → contenido generado por IA → Internet → nueva IA.

La máquina empieza a encontrarse con sus propias huellas.

¿Y si el problema no fuera la IA?

Aquí es donde la cuestión se vuelve más interesante.

Tal vez el problema no sea que la inteligencia artificial produzca demasiado contenido.

El verdadero problema podría aparecer si confundimos contenido con conocimiento.

Una IA puede generar diez mil artículos sobre cómo administrar una empresa.

Pero diez mil artículos no equivalen necesariamente a diez mil experiencias empresariales.

Puede generar miles de estrategias de marketing.

Pero ninguna de ellas sustituye lo que ocurre cuando una empresa implementa una estrategia, observa el resultado y descubre algo que no estaba previsto.

Puede producir miles de hipótesis.

Pero una hipótesis no es todavía conocimiento.

La realidad tiene que responder.

El elemento que rompe el círculo

Aquí aparece algo que, al menos por ahora, sigue siendo fundamental:

la experiencia humana.

Una persona puede utilizar inteligencia artificial para desarrollar una idea.

Después puede llevarla a la práctica.

Puede observar qué ocurrió.

Puede medir los resultados.

Puede equivocarse.

Puede descubrir una variable que nadie había considerado.

Puede modificar la hipótesis y volver a intentarlo.

Y entonces sucede algo fundamental:

la realidad produce información nueva.

El ciclo deja de ser un círculo cerrado.

Se convierte en una espiral.

De esto:

IA → IA → IA → IA

a esto:

Humano → IA → realidad → experiencia → conocimiento → Humano → IA

La diferencia parece pequeña, pero conceptualmente es enorme.

La IA puede recombinar; la realidad puede sorprender

Una inteligencia artificial puede trabajar con aquello que tiene disponible.

Puede encontrar relaciones, combinar conceptos, reconocer patrones y producir nuevas formulaciones.

Pero cuando una persona utiliza una de esas ideas en el mundo real, puede ocurrir algo inesperado.

Una campaña obtiene un resultado diferente al previsto.

Un producto fracasa por una razón que nadie había identificado.

Una estrategia funciona mucho mejor de lo esperado.

Un experimento produce un resultado contradictorio.

Una persona descubre una solución completamente diferente.

Ese resultado se convierte en conocimiento.

Y entonces puede volver a entrar al sistema.

Por eso quizá la verdadera ventaja no esté simplemente en tener una IA más poderosa.

Podría estar en construir mejores ciclos de experimentación y aprendizaje.

El futuro podría pertenecer a quienes experimenten más

Imaginemos dos organizaciones.

La primera utiliza inteligencia artificial para producir grandes cantidades de contenido.

La segunda utiliza inteligencia artificial para formular hipótesis, diseñar experimentos, analizar resultados y aprender de lo que ocurre en el mundo real.

Las dos utilizan IA.

Pero están haciendo cosas diferentes.

La primera produce información.

La segunda produce evidencia.

Y la evidencia puede convertirse nuevamente en conocimiento.

Eso plantea una posibilidad:

La ventaja competitiva de la inteligencia artificial podría depender menos de quién genera más contenido y más de quién consigue generar más conocimiento nuevo a partir de la realidad.

El verdadero ouroboros

Quizá entonces tengamos que modificar la metáfora.

El peligro no sería simplemente que la IA se coma su propia cola.

El verdadero peligro sería construir un ecosistema informativo en el que cada generación de inteligencia artificial aprenda principalmente de las generaciones anteriores.

Una copia aprende de otra copia.

Después una tercera copia aprende de ambas.

Y poco a poco se pierde aquello que estaba en el original.

Pero existe otra posibilidad.

Podemos mantener abierto el sistema.

Humano.

IA.

Experimentación.

Realidad.

Observación.

Aprendizaje.

Y nuevamente:

Humano.

La IA vuelve a participar en el siguiente ciclo, pero ahora recibe algo que no proviene únicamente de otra IA:

una experiencia nueva del mundo.

La pregunta que queda abierta

Tal vez la gran pregunta de los próximos años no sea:

“¿Qué tan inteligente será la inteligencia artificial?”

Sino:

“¿Qué tan bien podremos utilizarla para aprender cosas que todavía no sabemos?”

Porque si la IA termina conversando únicamente con sus propias respuestas, el círculo podría cerrarse.

Pero si cada respuesta de la IA se convierte en una hipótesis que un ser humano lleva a la realidad, observa y vuelve a convertir en conocimiento…

Entonces el ouroboros deja de ser un círculo.

Se convierte en una espiral.

Y quizá esa sea una de las formas más interesantes de imaginar la relación entre inteligencia artificial y conocimiento humano.

La máquina genera posibilidades.

El humano las pone a prueba.

La realidad responde.

Y de esa respuesta nace la siguiente pregunta.

Lic. Alberto Delgado foto de perfil
Alberto Delgado

Especialista en Recursos Humanos y Reclutamiento Digital con una sólida base académica por el Instituto Tecnológico de San Luis Potosí. A lo largo de mi carrera, he transitado desde la gerencia operativa hasta la consultoría de alto nivel en selección de personal. Como catedrático universitario y fundador de ERCN Empleos, mi enfoque se centra en simplificar la gestión del talento a través de la innovación y la enseñanza. En este espacio, comparto mi experiencia para impulsar el desarrollo profesional en el ecosistema de los Recursos Humanos.

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